PARTE 1: EL INICIO.
¿Por qué?
He pasado los últimos días lamentándome por lo que fue, por
lo que es y por lo que será después de esto. Es increíble cómo puede cambiar el
mundo a tu alrededor en tan poco tiempo. Los días pasados han sido la prueba de
ello. He logrado superar los límites de mi cuerpo y de mi mente—o lo que creía
eran los límites—al comprobar que, verdades que ya estaban tomadas como dogmas
irrefutables, cambiaban y eran puestas en duda por los hechos que he
presenciado.
Quisiera afirmar que he triunfado. Que el ser humano ha
triunfado. Que la humanidad ha triunfado y ha logrado sobrepasar este fútil pasaje
de su historia para volverse mejor, para reencontrarse a sí misma y volver la
vista hacia al horizonte una vez más. Hacia el mañana. Hacia el progreso. Hacia
un nuevo día. Hago una introspección y descubro que no lo podría afirmar.
Revuelvo mis recuerdos y encuentro que solo la parte más sucia, la más obscura
del ser humano es lo que lo ha sacado hacia adelante. La envidia, la ira y el
egoísmo han sido los mecanismos tras los cuales miles de personas han
sobresalido de entre la suciedad y han alcanzado una superioridad. Ya no se
reduce a la supervivencia del más fuerte o el más astuto, sino a la
supervivencia del más vil o el más mezquino. Fue un cruento amanecer que llevó
a un día siniestro el cual, como una pesadilla, se internó en la noche más
oscura de la humanidad.
A veces me pregunto, si somos mejores que ellos. Pero ellos
son como nosotros solo que… No están vivos.
Todas las locaciones son reales. Los nombres de las personas
involucradas han sido cambiados para proteger su identidad.
Ciudad de México, D.F.
10 de octubre del
2015
Ciudad Universitaria, Facultad de Arquitectura
¿Por dónde empezar? Pues mi nombre es Gilberto Arturo Rojas
Osorio y soy estudiante de la Facultad de Arquitectura. ¿De qué universidad?
¡La UNAM por supuesto! ¿Hay otra? Tengo 24 años y estoy en mi último semestre
de la carrera de arquitectura en el que actualmente estoy elaborando mi tesis.
Soy miembro del Taller Tres. En resumen, un ser humano cualquiera. La razón por
la que escribo esto aún no me es muy clara, solo sé que he encontrado un libro
de cuero negro muy similar al que aparece en uno de esos animes. No soy tan fan
de ese tipo de caricaturas—espero no me crucifiquen por esa palabra—pero no me
desagradan. En fin, esto será mi primera bitácora. Una bitácora personal en la
que anote ideas o sucesos importantes en mi vida que me puedan servir de
inspiración para mi hacer como arquitecto, así que, continuaré con mi
descripción.
Creo que el aspecto físico de mi persona está de sobra así
que, solo escribiré lo que es realmente importante. Toco la guitarra y canto,
no muy mal por cierto, y en estos momentos me encuentro en la búsqueda de
miembros para formar una banda de heavy metal; aunque no sé cómo podre con todo
lo que tengo encima en la universidad. También practico basquetbol con mis
amigos y formamos un equipo en el torneo interno de la Facultad de Química. Creo
que olvidé mencionar que el campus de la universidad en la que estudio es, ni
más ni menos: Ciudad Universitaria, mejor conocida como CU. Es, como lo dice su
nombre, una gran ciudad llena de facultades dentro de una de las ciudades más
grandes del mundo. Amante de la poesía y de vez en cuando compositor de algunos
versos. Profesor amateur del mismo taller del cual soy miembro a pesar
de la molestia de algunos profesores mucho más... veteranos.
Situación civil: Soltero. Casado por el momento con mi
carrera la cual me ha dado las más grandes satisfacciones de mi vida, aunque
los instantes más felices los he pasado con mis amigos y mi familia. Amo la
música estruendosa, fan de los bombos rítmicos y machacantes. Siempre
encontraras en mi reproductor una mezcolanza de grupos como Pantera, Metallica,
Slipknot y otros más. Soy bastante… singular en mis gustos, por así decirlo.
Creo que esto es más como un proyecto personal en el que
pueda plasmar algunas ideas, croquis así como mi biografía cuando sea famoso; o
para mi familia, la cual está lejos de formarse ya que, como mencioné hace unas
líneas, estoy sin compromiso en estos días. Tal vez como una prueba de que
alguna vez pise esta Tierra. Ya sé, soy demasiado dramático pero creo que eso
le da un poco de sabor a mi vida.
Creo que llamare a esto bitácora personal, para no llamarla diario.
Ciudad de México, D.F.
11 de octubre del
2015
Casa
He dicho en lo anterior que esto será una bitácora donde
plasmaré ideas o cosas que han acontecido para inspirarme de manera creativa.
Pues olvidé mencionar que soy una persona altamente política—un rojillo
trasnochado para algunos, un izquierdista revolucionario para otros y una
persona quejumbrosa para los demás—y que me intereso por las noticias así como
su afectación posterior a la sociedad. Muchas veces los eventos no son los que
forman la realidad que percibimos, sino como son narrados y repetidos por
terceros. En fin, al grano. Hoy después de levantarme, tomé un desayuno ligero
y me metí al baño. La rutina de siempre, después de correr un rato. Tomar un
buen regaderazo caliente me ayuda a relajar los músculos y avisparme un poco.
Después Salí solo con solo un pantalón puesto y mi torso descubierto mientras
secaba mi cabeza con la toalla; viendo que, como todas las mañanas, mi madre se
había levantado para preparar su desayuno para después ver las noticias en la televisión.
Ella es jubilada y su rutina comienza más tarde que el resto.
Al momento de terminar de secarme el cabello, escuchaba
entre el sonido de la toalla frotándose contra mi cabeza a aquella famosa
periodista reconocida por su importante carrera en los medios—y cuya carrera en
los medios locales se había visto trunca por una jugarreta del gobierno
disfrazada como un problema de negocios—decir lo siguiente: “… en los
Estados Unidos, atacó a un oficial de policía mientras traba de brindarle
auxilio; ya que el oficial había notado el estado casi famélico en el que se
encontraba. Las autoridades, así como la OMS, han lanzado un comunicado que
esta nueva enfermedad provocado por un virus no…”. Había escuchado con
atención el discurso de aquella periodista cuando no pude resistir el
impulso de interrumpir y preguntar qué había sucedido.
Mi madre me explicó que se trataba del brote de un “nuevo
virus” y que se estaban preparando para contenerlo; pues otras tres personas en
Las Vegas mostraron los mismos síntomas y fueron puestos en cuarentena. Como
siempre pasa con esas noticias, nadie sabe los síntomas exactos—que
profesionales—pero iban desde fiebre, desvanecimientos, diarrea, sangrado…. Si
le suman envejecimiento prematuro podría sonar a que aquella medicina que
anuncian en la televisión la cual cura “todo” podría ser nuestra salvación. Eso
de “nuevo virus” no es nada nuevo para nosotros. Ya hemos tenido esa “pandemia”
en la ciudad. Sólo se trata de especular en el mercado mediante el miedo
haciendo sufrir a los demás de pánico. También existe el móvil político, en el
que se evita que la gente se congregue, discuta; en fin, que incurra en la
política y que deje a los “gobernantes” hacer sus movimientos. Las maravillas
de la democracia representativa. Verás que pronto dirán que no puedes salir de
tu casa y eso se cruzara casualmente con la época electoral de este año.
Ti-pi-co.
Después de eso, nada nuevo. Pasé a la delegación Benito
Juárez donde estoy realizando mi servicio social, de ahí a la universidad a ver
a mis amigos y comentar algo de esto, para después impartir clase. Un día
rutinario con algo de pimienta ¡Ja Ja!
Ya es noche, tengo que descansar. Pasado mañana tengo
entrega de proyecto o como decimos nosotros los arquitectos: “Suicidio por
Anteproyecto”.
Buenas noches, bitácora.
Ciudad de México, D.F.
13 de Octubre del
2015
Casa
Ayer fue la muerte. Pasé gran parte del día trabajando en mí
entrega para después ir al servicio y regresar para hacer lo mismo: entrega. No
dormí durante la noche, sólo pasé el tiempo dibujando y dedicando esmero a cada
línea. A veces me preguntan porque seré tan “matado”. Así decimos en México a
los que les “sobra” esfuerzo al momento de hacer las cosas. Hoy terminé la
entrega y después de dejarla en manos del arquitecto que es mi asesor de tesis,
he pasado con mis amigos un rato para después dirigirme a mi sacrosanto hogar,
probar bocado y dormir profundamente. Me dirigí hacia mi cama, pero no sin
reflexionar un poco. Creo que fue lo escuché en el noticiero de la noche lo que
ha hecho brotar algo en mi cabeza. La sombra de una duda si quieres verlo de
esa forma. Han dicho: “se detecta caso de nuevo virus en el aeropuerto de
Monterrey. La persona infectada en un ataque de delirio y alucinación, ha
atacado a un policía mordiéndolo en el brazo”. Después de escuchar esto,
solo reí un poco y entré a mi habitación. Recamara más bien, existe una
diferencia. Ahí, pensé un poco más en lo que el reportero había dicho y pensé
en escribirlo. Creo que es algo divertido el que crean que las personas siguen
siendo tan ignorantes como para no ver su juego. Por lo menos cuando declaren
la alerta sanitaria tendré dos semanas de descanso. Acaba de pasar un automóvil
corriendo frente a mi casa. Clásicos arrancones. Iré a dormir un poco.
Buenas noches.
Ciudad de México, D.F.
14 de octubre del
2015
Ciudad universitaria, Facultad de Química.
Hoy es viernes y estoy con los amigos. Jugamos durante
varias horas basquetbol, pues como somos varios, podemos hacer varios equipos.
Hay de todo aquí, médicos, biólogos, químicos, geógrafos, trabajadores sociales
y, mis acérrimos enemigos, los ingenieros civiles ¡Ja Ja! La pasamos bien y he
comentado las noticias con mis amigos mientras turnábamos los equipos. Tomé la
bitácora para escribir algo gracioso. Todos opinan lo mismo que yo, bueno,
salvo Javier que acababa de escuchar que, supuestamente, se ha reportado un caso
en la Ciudad de México. La nota decía que el individuo “se creía caníbal”, esto
porque mordió a varios doctores y enfermeras cuando lo trasladaron al hospital donde
minutos antes, lo habían dado por muerto. Tal vez un drogadicto bajo las
influencias de “sales de baño”. ¿Hasta dónde son capaces de llegar los medios y
el gobierno para cumplir con sus planes? En fin, no tardan en poner la alerta
sanitaria. Me pregunto si los 25 millones que habitan en la ciudad quisieran
abandonarla en un momento, podrían hacerlo del todo. Es el turno de mi equipo,
tengo que irme.
Hasta luego bitácora.
Ciudad de México, D.F.
17 de octubre del
2015
Ciudad Universitaria, Facultad de Arquitectura.
Estoy en clase y me he aburrido, así que estoy actualizando
la bitácora. Pasé todo el fin de semana escuchando “el virus esto” y “el
virus aquello”. “Si notan algún cambio en un familiar o amigo, avisen a
las autoridades” son unas reverendas… creo que si esto lo leerá mi familia
alguna vez, no conviene usar palabras altisonantes. Pues a mi parecer estas
noticias son falsas. Esos si, a primera hora declaró el Secretario de Salud que
las clases de educación básica quedaban suspendidas, mientras anunciaban que
otros países, incluyendo a las potencias—esas que en las películas salen
victoriosas gracias a la ayuda de un único hombre, símbolo de la masculinidad
occidental—estaban teniendo problemas más graves con esta enfermedad. Sin
imágenes yo no creo nada. Además esto me suena demasiado a lo que vino después
del 9/11. Vendrán nuevas “reglas” para viajar y así “evitar” el contagio. No
soy un completo escéptico, creo en que un virus puede crear una pandemia; pero
también creo que las películas nos han hecho creer que podría ser más grave de
lo que realmente es. Deberíamos tener tiempo de reaccionar ¿No?
Como siempre el mayor problema es en Estados Unidos ¿Por qué
siempre han de ser tan catastrofistas? ¿Tendrán el deseo oculto de
autodestruirse? con la H1-N1 no les pasó nada y ahora arman un gran escándalo. Seguro
es propaganda para salir triunfantes como Rambo en cuanto termine esto.
Sólo me sorprende que países como China, Rusia y la India le estén siguiendo el
juego. De España... no me sorprende. Recuerden Irak. Aunque si alguno de eso países,
en concreto China, llegara a tener un brote de un virus peligroso si sería un
problema. Vamos, son la mayor parte de la población mundial. Serían un
montón—más de mil millones, para ser exactos—de enfermos con ojos rasgados.
Pero, es muy fácil decir “a chuchita la bolsearon” sin
evidencia que lo pruebe. Han dicho también que se han dado nuevos brotes en la
Ciudad, pero que por el bien de la población no era conveniente decir en qué
zonas se habían encontrado. Creo que ha sido lo más inteligente de todo esto,
ya que decir a 25 millones de personas en la ciudad más grande del mundo “¡hay
enfermos graves aquí!” provocaría algo de pánico en las calles ¿O no? Los
mexicanos no somos como los estadounidenses. Aunque ahora que lo veo… varios de
mis compañeros de clase, los más recurrentes—y sobre todo las chicas más lindas
del salón… creo que no debí escribir eso—han faltado. Posiblemente no los más
brillantes del grupo, si me permites decirlo. Está claro que, a pesar de lo que
las películas reflejan, el contagio de una enfermedad peligrosa es bastante
engañoso pues tiene que cumplir cierto “requisitos” para ello. Basta un ejemplo
que, alguna vez en mi clase de instalaciones, hace ya algunos años, hablamos
sobre el contenido de las trampas de agua en fregaderos y lavamanos, no decir
de los de las regaderas, donde se cultivan infinidad de gérmenes. Sin saberlo,
nosotros estamos expuestos a ellos mediante muchos factores, el más común, la
evaporación de esa agua. Ya no digamos de los utensilios de limpieza de
nuestros platos donde, de acuerdo a algunos estudios, han encontrado hasta el
famoso Ántrax el cual ¡noticia de última hora! también se encuentra en la carne
en descomposición, que muy bien puede pasar desapercibida en tu refrigerador.
Volviendo a esta enfermedad, no es como si viajara a la
velocidad de la luz o fuese súper resistente. ¿Acaso saben si es contagio por
aire? ¿Cuánto puede durar viva una sepa en contacto con el oxígeno? Hasta ahora
la pandemia más letal de la humanidad, el SIDA, solo puede sobrevivir 10
asombrosos segundos en el aire. Claro la gripe es mucho más duradera pudiendo
resistir en el auricular de un teléfono durante semanas. La hepatitis dura meses o años en sangre
completamente seca. Se necesitaría de la mano humana o un conjunto de eventos
desafortunados para que surgiera un monstruo que superara todas estas barreras.
Tan solo la proporción letalidad – propagación, es decir, un virus muy letal no
podrá propagarse rápidamente, matando a sus huéspedes antes de contagiar a
otro, pero uno que pueda hacer esto no deberá ser tan letal y podría ser
atendido fácilmente. Bueno, tal vez no, ahí tenemos al SIDA, pero sus
condiciones son especiales pues el virus no es el que mata, solo deja abierta
la puerta para que otro lo haga. Digamos que es un facilitador. Pero pues solo
es la mera opinión de un “cuasi” arquitecto sin conocimiento alguno de medicina
o biología. Al menos no más de lo que he aprendido en la escuela y por mis
amigos.
El profesor mira hacia donde estoy y cree que hago apuntes
de su clase. Pero en realidad no me preocupo demasiado, tal vez mañana digan
que no habrá más clases para mí durante un tiempo.
Hasta luego, bitácora.
Ciudad de México, D.F.
19 de Octubre del
2015
Ciudad Universitaria, Facultad de Arquitectura
Alguna vez le oí decir a una amiga “que tus palabras sean
dulces si un día te las tienes que tragar” Pues creo que tendré que hacerlo
ya que el desastre ha sobrevenido el día de ayer. Me encontraba con mis amigos
en las afueras de mi facultad, en una terraza que se encuentra de frente al
campus en una de mis horas libres. “Las Islas” como son conocidas. Me
habían pagado por un trabajo que acababa de realizar por lo que estábamos
celebrando con comida y algunas cervezas escondidas. Comentábamos todo lo que
ha pasado y nos reíamos un poco por lo incrédulos que habían sido las personas
al creer semejantes cosas. Actos caníbales, enfermedades misteriosas avanzando
a la velocidad del sonido. Era prácticamente imposible. Una burla. Sonaba a una
mala película de terror.
Nos encontrábamos 10 de mis amigos y yo disfrutando del buen
clima de octubre mientras mi amiga Erin, estudiante de la facultad de química,
decía algo sobre el virus que, siendo sinceros, no entendía. “Todo está en
la química orgánica” creo que era lo que decía, cuando a lo lejos, se
escuchó un grito estremecedor. Lógicamente, todos los hombres corrimos a
ayudar, sin saber a dónde. Fernando, mi mejor amigo de la facultad, y yo
llegamos primero sólo para ver el cuerpo tendido de una chica. Estaba muerta.
Al parecer habían abusado de ella y golpeado brutalmente, ya que su ropa estaba
ensangrentada y rota. Su tez era blanca y con una textura como la cera.
Literalmente era una escena que desencajaría a cualquiera. Sobre todo por los
incontables mordiscos en su cuerpo. Incluso… le faltaban trozos de piel y
músculo.
La chica que había gritado se encontraba bastante bien. En
estado de shock, y asustada
hasta los huesos, pero bien. Ella solo balbuceaba que la chica
muerta, antes de caerse, le dijo con una voz apagada que corriera. Mientras los
vigilantes colocaban una manta sobre la chica muerta y pedían que nos
retiráramos, otro grito se escuchó en las islas, seguido de otro y otro. Las
cosas se estaban poniendo raras. Pronto todo el campus estaba plagado de
gritos. Al momento otra chica gritó cerca de nosotros “¡Esta viva!”
mientras señalaba la manta que lentamente se levantaba después de que el cuerpo
inerte se hubiera sacudido unos instantes antes. Uno de los vigilantes se
acercó rápidamente para ayudar a la chica, pero su sorpresa fue enorme cuando
la respuesta fue un mordisco en el brazo izquierdo el cual le arrancó un gran
trozo de carne; lanzando chorros de sangre en todas direcciones. Casi como si
fuera una fuente. Lo que más me asustó en ese momento fue la mirada de la
chica, como la de un animal al masticar su comida: perdida en el infinito
detrás de nuestras cabezas.
Al parecer todos habíamos comprendido. O al menos eso quería creer.
Era el susodicho virus. Pronto los gritos se intensificaron en todo el campus,
rodeándonos a todos al mismo tiempo que la chica resucitada tumbaba al
vigilante y le asestaba otro mordisco en el cuello del que brotó otro enorme
chorro de sangre que tiñó el pasto con su color rojo. Recordé la razón por la
que no me gusta cocinar. Odio ver y tocar la carne cruda. Corrimos de vuelta a
mi facultad al vernos rodeados de aquellos “enfermos”, sólo para
encontrarnos con una escena similar.
Había más “enfermos”
y perseguían a otros que estaban sanos trotando. Rápidamente busque con la
mirada a nuestras amigas y para mi sorpresa, no se habían movido de donde las
habíamos dejado. Veían correr a todos con cara de incredulidad y bastante miedo.
Estaban congeladas. Corrimos hacia ellas y las hicimos entrar a mi taller—los
talleres son "mini" escuelas dentro de la facultad, cada una
con su edificio propio—. Más bien diría que las arrastramos. Por lo menos había
una puerta que pudiéramos cerrar. Ahí fue cuando lo vi.
Uno de los “enfermos” caminaba sin un brazo y con medio rostro
arrancado. Mostraba la mitad de una sonrisa tan macabra que casi hace que me
cagara en los pantalones. Sé que muchas personas han logrado superar el dolor
de lesiones graves gracias a la adrenalina en su cuerpo, pero aquello era
verdaderamente ridículo. Parecía más que una imagen dantesca, una imagen sacada
de una mala película de muertos vivientes. Me quedé pasmado junto a la puerta
viendo a aquella creatura cuando ella, si porque era una ella, me miró… me
regresó la mirada. Sus ojos eran negros, tal vez gracias a la dilatación
extrema de sus pupilas, y su boca al abrirse hacia mi parecía una cueva llena
de putrefacción. “¡Cierren la puerta!” alguien gritó dentro del taller
sacándome de mi trance justo al mismo tiempo cuando ella comenzó a trotar hacia
mí.
Logré entrar justo a tiempo, todavía estando dominado por
una ligera somnolencia en el que parecía moverme pero sin que yo estuviera
presente. Una sensación extraña. Otro alumno del taller intentó cerrar la
puerta justo cuando ella la golpeaba con su cuerpo. En este universo existen
leyes muy importantes, las formuló Newton, una de ellas dice que a toda acción
existe una reacción de igual fuerza y magnitud, así que, gracias a esta ley,
ambos rebotaron hacia el lado contrario del cual estaban empujando, cimbrando
la puerta y dejando el umbral abierto por un instante. Aproveché este instante
para salir de mi trance y reaccionando a esto, cerré la puerta y coloqué el
seguro rápidamente. Casi rompo las ventanas laterales del cancel que formaba la
fachada del edificio con el portazo que di.
No pensé que eso la detuviera, pero así lo hizo durante unos
momentos. Golpeaba con su única mano la puerta incesantemente—ya que con el
muñón en el que se había convertido la otra mano solo manchaba la puerta con
sangre coagulada—cuando el coordinador del taller salió de su oficina
preguntando a cerca de lo que estaba pasando. En ese momento ella encontró una
ventana lateral, la golpeó con todas sus fuerzas, estrellando el cristal y
provocando algunos gritos. “¡déjenla pasar!” alguien gritó; pero nadie
lo hizo. Al contrario, todos se unieron a mi cuando pedí que trajeran los
restiradores y las mesas que pudieran para poder montar una barricada ante
aquellas ventanas. No pensaba contagiarme de “eso”.
Tardamos casi cinco minutos en tapiar todas las ventanas de
ambos accesos al taller. Por suerte había sido diseñado con los dos del mismo
lado, con un gran ventanal de seis metros; pero que solo tapiamos hasta una altura
de dos. Pronto, subimos a la planta alta para observar lo que estaba pasando a
través del gran ventanal. Era una carnicería por doquier.
Los primeros “caídos” se encontraban convalecientes
en el suelo. Algunos muertos debido a la gravedad de los ataques mientras que
otros agonizaban en charcos de sangre y lo que parecía ser eses. Otros tantos
agitaban sus brazos y piernas mientras cuatro o cinco “enfermos” se daban un festín con sus intestinos. Por algo había
estudiado arquitectura, y ahora lo sé. Como muchos en el taller, no pude
contener las ganas de vomitar y lo hice. La vista de un ser humano siendo
abierto como un puerco en las garras de unos leones era aterrador. Los gritos y
los golpes contra la puerta y la barricada hacían que esta escena fuera
totalmente surrealista. Sabía que algunos de mis amigos estaban siendo
devorados en ese mismo momento sin que yo pudiera hacer nada.
Le explicamos lo que estaba pasando al coordinador del
taller sin que él o nosotros lo creyéramos. Nos dijo que teníamos que salir de
ahí pero por lo que habíamos visto, no era lo más conveniente. No para todos.
Para mis amigos y yo no sería ningún problema, tenemos algo de condición física
y creo que podríamos correr más rápido que ellos. Pero no todos podrían
hacerlo. Seria egoísta dejar a todos ahí encerrados mientras nosotros alcanzábamos
la libertad. Medité esto un poco más y llegué a la conclusión que tampoco sería
conveniente para nosotros. No sabemos si al correr podamos toparnos de frente a
alguno de ellos. Todos acordamos esperar.
Todos parecían sumidos en shock gracias a los gritos cada vez más fuertes de los enfermos y a
los que atacaban. Los gritos ahogados por un gorgoreo son bastante aterradores.
Me asomé por el ventanal y logré ver que los que habían caído convalecientes—y
algunos que parecían estar ya muertos—se habían levantado y comenzaban a atacar
a los que aun corrían sin haberse infectado. Al regresar con mis amigos, no sé
si por el acomodo en que se habían dispuesto o el miedo, parecía haber menos de
los que había unos momentos antes; así que procedí a hacer una lista mental de
quien estaba y quién no.
De medicina: Alejandra y Larisa.
De química: Eliza, Erin y Maribel.
De Ciencias: Oscar.
De Filosofía: Martin.
De Odontología: Ana.
De ingeniería: Alonso.
De arquitectura: Fernando y…
Entonces fue cuando me di cuenta. Faltaba alguien más.
Horacio. Era un amigo que ya se había titulado y también daba clases junto a
Fernando y yo. Creía recordar haberlo visto correr hacia el estacionamiento
pero no podría asegurarlo. Ojala alcanzara a salir de aquí ya que son las once
de la noche, lo más tarde que he llegado a estar en la facultad, y el campus
seguía ocupado… por los “enfermos”.
Muchos se habían aglutinado frente a la barricada por lo que decidimos apagar
las luces y no hacer ningún ruido. Algunos aprovechamos para hablar con
nuestras familias y explicarles lo que había pasado. Yo hablé con mi padre y le
explique la situación. Él quiso salir de inmediato en mi búsqueda, pero le dije
que no lo hiciera, que estaba bien. Sería más fácil salir para nosotros que
entrar para él. Ya en la mañana pensaría en algo.
Tras haber hablado con mi padre, he escuchado algunos
disparos, pero era prácticamente imposible saber de dónde venían por medio del
ventanal, así que me encamine hacia el baño de caballeros donde sabía bien que
había una escotilla hacia la azotea. Estaba cubierta por un plafón nuevo que
habían puesto, pero lo pude retirar y
subir a la azotea para poder observar alrededor. No pude localizar la
fuente de los disparos pero si observe la situación del campus. Estaba
inundado. Parecía una manifestación multitudinaria. Probablemente no habría
sido tan fácil escapar de ahí. Qué bueno que no lo hicimos.
Pasamos la noche en vela, escuchando más disparos y los
gritos de los que caían a manos de los “enfermos”. Mientras intentábamos
dormir alguien hablo sobre muertos
vivientes, pero realmente nadie quiso escucharlo. El ver a varias
personas sucumbir ante un mar de manos y dientes cambia a cualquiera. La sangre
cambia a cualquiera. Ver algo completamente incoherente también lo hace. He
tratado de alejar el pensamiento de los “muertos que caminan” de mi
mente. Solamente creo que no es posible. Es irreal.
Dieron las cinco de la mañana y todavía seguía despierto. No
conseguí pegar ojo en la noche. La tensión y la adrenalina no salían de mi
cuerpo y solamente parecía temblar cada vez más. No era por el frío sino por el
miedo. Asaltamos literalmente una de las bodegas que había en el taller para
ver su contenido. En ese tiempo era ocupado por el dueño de la pequeña tienda
que se encontraba afuera. Ahí guardaban agua y algunas golosinas, las cuales
devoramos con pasión. Quedaron muchas para otra comida.
Después de haber hecho tan “nutritivo” desayuno, comencé a hablar con mis amigos a cerca de
Horacio. Nadie le había visto y uno de ellos confirmó mis sospechas. Horacio,
al ver el lio en que se estaba convirtiendo la facultad; salió disparado hacia
el estacionamiento de profesores. Nos abandonó. Espero haya logrado escapar,
aunque otra parte de mi piensa en lo egoísta que fue al no llevarnos con él.
Tenía un automóvil por cierto y lo estacionaba en ese lugar.
Pasamos el día observando los alrededores desde la azotea
del taller. El edificio era de dos pisos, con una altura superior a los ocho
metros. Haciendo prácticamente imposible que los “enfermos” nos pudieran
ver. El panorama era desolador. Muchos de ellos caminaban incesantemente y sin dirección
alrededor del campus. Quien sabe cuántos universitarios fueron infectados.
Fernando pasó a mi lado esos minutos pero viendo hacia otro de los talleres.
Tratando de idear una manera en la que pudiera llegar a él. Dentro de aquel
edificio nos habían imitado, habían puesto una barricada y cerrado las puertas.
Ahí tomaba clase su novia cuando todo esto empezó. Comentamos también que, ayer
cuando había hablado con mi padre, habían dicho en la televisión que México
cerraba sus fronteras terrestres, aéreas y marítimas; evitando que cualquier
transporte ingresara o saliera del país. No era el único, ya que la mayoría de
los países estaba adoptando la misma medida. Creo que la velocidad no es el
fuerte de los gobiernos cuando se trata de atacar crisis de este tipo.
Solo pudo asentir mientras me comentaba que hoy no había
podido hacer contacto con su familia ni con su novia. El servicio de celular
estaba muerto en CU y eso me preocupaba. Más por no haberme dado cuenta de eso.
De pronto algo más llegó a mi mente. Desde la avenida Insurgentes Sur, la cual
es altamente transitada, se encontraba desierta, no se alcanzaba a oír ni un
solo sonido proveniente de algún motor. Eso me provocaba ciertas dudas. Esta
atraviesa CU y la parte por la mitad.
Había solo pocas razones por las que el tránsito de esa
avenida se podría ver afectado. Una es que hubiera un accidente de tránsito
pero… ¿En los dos sentidos? Otra podría ser que las obras del mantenimiento del
Metrobus hubieran bloqueado ambos carriles. ¡Si claro! Una manada de personas
infectadas ataca Ciudad Universitaria y lo que más le importa a las autoridades
es continuar con las obras viales alrededor. Entonces fue que llegó a mí como
un chispazo. No estaba cerrada por casualidad, estaban desviando o bloqueando
el acceso a la zona sur, específicamente CU. “Un cerco sanitario” fue lo que pensé.
Desde ese momento, mi único pensamiento era el poder salir
de aquí. Llegar a mi casa. Lo platique con los que estábamos dentro del taller
y mis amigos, incluyendo otros miembros del taller, estuvieron de acuerdo. Hubo
quien prefería quedarse, esperar ahí hasta que los rescatasen; sobre todo
algunos que tenían heridas y que comenzaban a tener mala pinta, pero… ¿No era
hora de que alguien ya hubiera venido por nosotros? Por lo menos hacer un sobre
vuelo de reconocimiento. Estaba decidido. Nos iremos durante la madrugada para evitar
que nos vean y saldremos de aquí. No pienso quedarme hasta empezar a padecer
hambre. Son las once de la noche en punto y tengo que estar alerta. Pronto
idearemos un plan para permanecer alejados de ellos. Espero esta no sea la
última nota de mi bitácora.
Buenas noches bitácora.
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